
8 de enero.
el segundo viaje dentro del viaje se interrumpe por unos dias, para dar paso al tercero. a las 9 de la mañana, menos de dos horas despues de haber salido de tel aviv, aterrizo en el aeropuerto ataturk de estambul.
(fundador de la turquia moderna y republicana, mustafa ataturk es el procer turco por excelencia, y hasta diria que el unico si me guio por los distintos billetes de la moneda local: en todos aparece su imagen.)
a duras penas -casi nadie aca habla ingles- logro que me indiquen como llegar a sultanhamet, el principal barrio de la parte antigua de la ciudad, que debe su nombre a la mezquita de las postales. por ahi queda la zona de los hostels. aunque no reserve en ninguno, voy a probar suerte en el que me recomendaron: el orient.
hago combinacion de tranvias y empiezo a espiar las calles. la primera impresion es que estambul se parece bastante a como la describe pamuk: caotica, fascinante y con esa amargura latente por la grandeza perdida. una grandeza cuyos rastros se perciben a cada paso, en los templos, los palacios y las ruinas de los sucesivos imperios (bizantino, otomano) que tuvieron aqui su capital.
viajo liviano, nada mas que con la mochila y un par de mudas de ropa: el resto, incluida la valija, quedo en raanana. el frio no es tan intenso como me vaticinaron. y el transito, peor que en buenos aires: cada uno cruza por donde le pinta, se estaciona en cualquier lado, el concierto de bocinazos y gritos esta a la orden del dia y los autos van a mil en medio de calles empedradas y angostisimas.
un principio de panic attack me sorprende en el camino. y eso que no me perdi, vengo bien y en un par de paradas tengo que bajarme. pero el vagon se va superpoblando y el oxigeno empieza a escasear. pensar en que algo pudiera pasarme estando ahi, incomunicado y solo en un tranvia de estambul, activa mis peores miedos.
hasta que llegamos a sultanhamet. desciendo y veo -justo enfrente- la mezquita: bellisima, imponente y enorme. el asombro neutraliza y borra mi ansiedad. de entrada, la sensacion es la misma que tuvimos con el coco seis años atras al ver el duomo de florencia: pareciera que alguien hizo copy-paste y metio este monstruo ahi, porque sus dimensiones y su majestuisidad no guardan proporcion alguna con el resto de las construcciones de la zona (salvo, descubrire despues, con esa otra maravilla que es ayasofia).
el hostel no esta mal. 18 dolares la noche, habitacion de cuatro. me recibe mehmet con un te de bienvenida, su rustico ingles y su elemental castellano: hola amigou, como estas amigou? argentina, lionel messi, hernan cattaneo (?). y enseguida pone en su pc musica dance de nuestro pais.
me da un plano para salir a recorrer pero es casi imposible seguirlo: los senderos se bifurcan como en un laberinto, los carteles estan solo en turco y cuando preguntas como ir a tal lado, te contestan en su idioma y haciendo ademanes que parecen significar "derecho, segui derecho". pero en las calles serpenteantes de estambul no existe nada derecho.
resuelvo, entonces, hacer lo mejor que puede hacerse en una ciudad desconocida: perderme.
me detengo a contemplar el paisaje del puente galata, con la torre homonima de fondo (foto). visito bazares y la cisterna romana. paro en un barcito a almorzar, me pido un kebab de pollo y lo bajo con ayran, la bebida tipica: un yogur agrio con sal, que al principio parece horrible pero al tercer sorbo te empieza a gustar. es que la comida tan picante y condimentada no pega con gaseosa, jugos ni nada dulce; y se complementa bien, en cambio, con la acidez del ayran.
veo mujeres con velo y turbante, otras vestidas mas al estilo occidental. suenan los rezos del coran por los altavoces de las mezquitas, pero tambien suena gloria estefan desde los parlantes de un comercio. estambul es, geografica y culturalmente, un puente entre oriente y occidente. la mitad de la ciudad queda en asia y la otra mitad, en europa. en el medio, el bosforo.
ya al caer la tarde, me cruzo con iko y su hermano -el mini iko- en la mezquita azul (como tambien se la llama a sultanhamet). caminamos un poco mas, me tiento con un baklava de pistacho. volvemos al hostel, que esta en una callecita adoquinada y pintoresca, llena de bares, locales y restaurantes. pero falta un detalle: la gente. es invierno, los europeos vienen en verano.
los hnos iko siguen viaje esa misma noche rumbo a bulgaria. en el hostel quedan algunos argentinos de otros grupos de bria, copados pero con demasiada jerga puntaesteña. hablan de posto 5 y esas cosas. pienso en engancharme con ellos mañana pero al final decido que saldre por mi cuenta: ya estuve 11 dias con 40 judios las 24 hs. un poco de islam y de soledad no me vendra nada mal.
2 comentarios:
Analisis:
11 días multiplicado por 24 horas me da un total de 264 horas. a esas 264 horas, las multiplico por 40 judios y me da 10560 horas judias (?). la conclusión a la que arribo, es que es normal que un poco de soledad hace bien y el islam no es tan malo en esta situación.
Tu blog es poesia amigo, como me dijo una maestra en 3er grado: seguí así!!!
hubiera sido terrible un dia con un grupo de pendejos chetos y judios, bien ahi.
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